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CAPÍTULO 4: LA HISTORIA

Updated: Feb 17


 
  • Buenos días Argimiro. Estoy a tus órdenes.


  • Lo primero que me gustaría transmitirte es mi gratitud por tu inmediata disposición a colaborar cuando la patria te llama.


Don José no esperaba un arranque de este tipo tras la conversación previa. Pensaba que el tono del encuentro sería, como el propio Coronel había sugerido, de militar a civil, pero sobre todo de ingeniero a ingeniero. No obstante, pensó que, por segunda vez en la mañana, haría uso de la prudencia como pauta de comportamiento. Y en ese tono continuó.


  • Nos decía cada año el director de mi escuela de caminos que había dos centros de enseñanza en los que, junto al título correspondiente, los alumnos alcanzaban el sacerdocio y estos eran el seminario y aquella escuela de caminos. Espero saber estar a la altura, cuando no es el altísimo sino la patria quien me requiere.


  • Con ese espíritu, Pep, no tengo ninguna duda. Pero me vas a disculpar unos minutos porque no es la patria, pero es Fernando quien requiere mi presencia, que en mi caso viene a ser lo mismo. Dejo descolgado, espera, por favor, al aparato.


No llegó a cinco los minutos que se ausentó el Coronel, pero fueron suficientes para que a don José le asaltara una idea que, por momentos, se convirtió en obsesiva: don Alfredo. ¿Podría ser que la irrupción en su despacho fuera una prueba del Coronel para evaluar su comportamiento en una situación límite? 

Si ese era el caso. ¿Que debería hacer él ahora? ¿Contarle lo ocurrido con pelos y señales al Coronel? ¿Ir adelante como si esa visita no se hubiera producido? ¿Y si realmente era una prueba de transparencia o de fidelidad? En ese caso debería comunicárselo. Pero si erraba en el juicio y el Coronel estaba totalmente al margen. ¿Que tipo de conflicto podría desencadenarse que inevitablemente le pillaría a él por los dos lados? Cuando oyó el ruido del auricular, don José tomó una decisión: callaría y negaría la existencia de la visita de don Alfredo.


  • Ya estoy aquí, mil disculpas, Rufino quería saber tu reacción y confirmar que estábamos ya trabajando juntos. Mi respuesta naturalmente es que hemos encontrado a la persona adecuada.


  • Argimiro, con sinceridad. ¿Realmente Rufino está siguiendo este asunto con esa cercanía?


  • Pep, Rufino no es Dios y por tanto no está en todas partes, pero te aseguro que está cerca de casi todo.


  • Entendido.


  • Ni un segundo más de retraso, ya hemos perdido un cuarto de hora. Te supongo al corriente de todas las vicisitudes por las que ha discurrido el proyecto de esta vía férrea desde que, en 1860, se concede la realización de un primer estudio sobre la línea Logrosán-Villanueva y en 1870 se decreta la concesión del entonces llamado tram-via de cable metálico para el tramo Villanueva a Logrosán.


  • Estás en lo cierto Argimiro. Concretamente se publica en la Gaceta de Madrid el 20 de enero de 1860 la Real-Orden del 16 de enero para la concesión del estudio que has citado, siendo Corvera el Director General de Obras Públicas. Esta concesión tiene además una peculiaridad. El único punto fijo del trazado era la Villa de Logrosán. Villanueva de la Serena era la primera opción de destino, pero alternativamente podía serlo cualquier punto de la línea de Ciudad Real a Badajoz.


  • Pep, haz el favor de decirme que, por pura casualidad, tienes la Gaceta de Madrid (*) a la vista encima de la mesa..


  • Te juro por la Santísima Virgen del Consuelo que encima de la mesa sólo hay unas cuartillas con el membrete de la Fonda Loro y el resto de las cuartillas en blanco de momento.


  • Creía que los de Alcoy jurabais por la Virgen de los Lirios. Ya veo que te has cambiado de parroquia.


Ambos rieron hasta que el Coronel cayó en la cuenta de la fecha y, en tono desenfadado, continuó.


  • Reprimamos esta salida irreverente, que estamos en cuaresma.


  • Tienes razón Argimiro. No obstante, creo que es mi deber informarte de que en esta fonda la señora de Loro paga una bula especial a los curas para que sus clientes puedan comer carne en Cuaresma, pero no me consta que tal bula incluya las risas.


  • Que cosas tienes Pep.


  • Real como este teléfono que nos comunica, pero, volviendo a nuestros ferrocarriles y por cerrar los antecedentes decimonónicos de Logrosán, te comento que ya en 1858, dos años antes del estudio que hemos comentado, se autorizó otro para una línea férrea desde Logrosán a Cedillo, es decir, a la frontera portuguesa.


  • Desconocía ese dato, Pep. Veo que estoy hablando con una persona profundamente conocedora de la historia.


  • No puedo negarlo. Conocer el pasado es la única vacuna para afrontar el futuro.


  • Brillante lema para una cátedra de historia.


  • No lo niego, pero disculpa que te puntualice. Lema que debería aparecer ya en la enciclopedia Álvarez de primer grado, si se quiere llegar a tiempo y a todos.


  • El problema es que sobre un mismo pasado se pueden escribir varias historias.


  • No te lo niego, pero reconóceme que ese mal tiene con frecuencia su origen en la imprecisión temporal por la que a veces llamamos historia a lo que todavía es presente.

 

  • Desde luego, Rufino puede estar tranquilo, eres nuestro hombre, pero además creo que encierras una caja de sorpresas, Pep. De sorpresas positivas. Me dijeron que me enfrentaría a un ingeniero de caminos profundo conocedor de su profesión, correoso y culto. Pero veo que tu unidad de trabajo no es solamente el metro cúbico y los clásicos que hayas leído, sino que puedes hacer ver la luz al otro lado del túnel, nunca mejor dicho que de un ingeniero civil.  Y eso no está al alcance de cualquiera.


  • Gracias Argimiro, aprecio en lo que valen tus palabras, pero no me gustaría ahogarme en el halago sin antes saber el motivo de esta, se supone, que primera conferencia.


  • Tienes razón. Te responderé con una pregunta, como gallego que soy. 


  • ¿Si tiene que ser así?


Ambos sonrieron y el Coronel, adoptando ahora un tono grave, continuó.


  • ¿Conoces la última decisión sobre el ferrocarril a tu cargo?


  • No lo sé. ¿Pertenece ya a la historia o es aún presente?


(*) La "Gaceta de Madrid" era en la época el equivalente al "Boletín Oficial del Estado".

 
 








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