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CAPÍTULO 14: LAS CORRECCIONES

Updated: Mar 7


 

EL VAGÓN QUE LLEGÓ ¿Cómo quedó el Capítulo 13?

 

Este capítulo se desarrolla en tres momentos distintos. El hilo conductor desde el capítulo 1 es la conversación telefónica entre el Coronel González (Argimiro) desde el Palacio del Pardo y el Ingeniero (Don José Calabuig o Pep) desde la Fonda Loro en Logrosán el 20 de marzo de 1962. El Ingeniero relata al Coronel lo sucedido el 18 de abril de 1961 y le cuenta lo que a su vez le contó el Inspector ese día. En este momento, el Ingeniero y el Inspector del Banco Mundial (Bastianne) cenan en la Fonda Loro tras una jornada visitando las obras del ferrocarril. En el capítulo anterior el señor Loro ha descifrado el poema y ha encontrado el nombre actual y el anterior de Guadalupe, pero en el momento final nombra a don Alfredo que al Coronel le resulta conocido.

 
 

  • No exactamente, Pep. No hay nadie que pueda decir que le conoce. Pero dejemos de lado de momento a don Alfredo. Volverá a aparecer. No tengo la menor duda de que volverá a aparecer y tampoco tengo duda de que a estas horas sabe que tú y yo estamos hablando desde las diez de la mañana.


  • Como tu digas.


  • Empieza a ser tarde, el día también empieza a ser largo y, sobre todo, denso, muy denso. Prefiero que volvamos a Guadalupe, bueno, ahora Lourdes, y vayamos cerrando el día. Decías que la familia cayó en una emboscada.


  • Según el señor Loro, llegaron pocas noticias, sólo que fue un episodio desgraciado, casi un accidente. Debió de ser ya cerca de los Pirineos, parece ser que trataban de llegar a Francia. Se oyó entonces que cayeron por equivocación en un área de fuego cruzado. Realmente no se supo de qué bando vinieron los disparos ni tampoco hubo nadie que tuviera interés en averiguarlo. Los cuerpos de los padres aparecieron sin vida por heridas de bala y a la hija, de poco más de 20 años, se la dio por desaparecida. Hay quien dice que la recogieron unos frailes, pero nunca más se llegó a conocer ningún detalle de aquel episodio y, sobre todo, nunca más se habló de ellos. Concentrado en lo que el señor Loro contaba, no me di cuenta de que Bastianne había roto a llorar. Se levantó lentamente y casi sin poder hablar nos dijo "disculpen, nos vemos a las siete y media" y se subió a la habitación. Era comprensible, por lo que fue contando durante el paseo, esa familia lo había sido todo para Bastianne y representaban los días felices de su juventud adolescente.


  • Cierto Pep. Y por cierto. ¿Le has preguntado alguna vez al señor Loro de dónde obtiene él toda esa información que da la impresión que presume no tener y que va dosificando con cuentagotas?


  • Por supuesto. Si le vieras desenvolverse aquí en su fonda, habla con todo el mundo, o más bien, escucha a todo el mundo. Dice que él se tiene que ir a dormir cada noche habiendo cumplido con la "ley de los huevos".


  • ¿Y qué ley es esa si puede saberse?


  • Que por cada palabra que pronuncias, te llevas una docena en los oídos.


  • Sabia ley, e ingeniosa la explicación. Pero, ... ¿Cómo consigue la información?


  • Según cuenta, los que visitan su fonda vienen para degustar los guisos de María pero, aunque ellos no lo saben, lo que más les gusta es la oreja?


  • ¿Tan buena es esa oreja?


  • La oreja que buscan es la suya, la de Eugenio, yo le he visto cómo les escucha y les hace que se sientan importantes y hasta únicos. Y eso, a determinado tipo de gente les endulza más que un tocinillo de cielo de los que sirven aquí.


  • ¿Dijo algo más el señor Loro de eso que le cuentan a su oreja?


  • ¿De la familia de Guadalupe? Poco más. Que, siempre según su versión, era una familia, alejada de la gente, pero muy unida. El matrimonio de un "casi cura", esas palabras usó, con una mujer científica, era lo nunca visto por aquí y las gentes de estas tierras no los tenían catalogados. Y, ya se sabe, en estos casos, ante la duda, todo el mundo sospechaba que eran del bando de enfrente.


  • Y volviendo a la tarjeta. ¿Bastianne tenía alguna teoría sobre cómo había llegado hasta allí?


  •  Al menos la versión del señor Loro era compatible con el hecho de que años después ella hubiera podido colocar la tarjeta en la documentación para el Banco Mundial. Bastianne me contó que, siempre tratando de no levantar sospechas, había indagado sobre cómo era el proceso de envío de la documentación desde el origen hasta que llegaba a la oficina central del Banco Mundial en Washington donde él la recogía. Yo, por mi parte, le detallé proceso de envío hasta donde yo lo conocía. Juntando lo de los dos prácticamente completábamos todo el itinerario de la documentación desde su origen en España hasta el Banco Mundial. Los pasos a seguir estaban bastante bien definidos. La información era preparada por la empresa u organismo que directamente se encargaba del tema: ferrocarriles, carreteras, sanidad, agricultura, etc. En esa fase, los orígenes de la documentación podían ser múltiples y las personas involucradas innumerables. En el caso de la documentación solicitada sobre el proyecto del ferrocarril Talavera-Villanueva, yo mismo la revisé plano por plano, hoja por hoja, fotografía por fotografía e introduje todo en cajas de cartón para su envío. Se preparaba un original y tres copias. Se remitía todo a las oficinas de RENFE en Madrid y de allí al Ministerio de Obras Públicas. Se quedaba una copia en cada una de estas oficinas y se unía a otra documentación solicitada. En el paso por el Ministerio de Obras Públicas, se revisaba hoja por hoja, no desde el punto de vista técnico, pero si de orden, coherencia y erratas. Eran muy escrupulosos en la revisión, siempre encontraban algo. Si el defecto era muy grave, se devolvía el documento por conducto reglamentario y había que repetir el proceso desde el inicio. Eso a mi no me ocurrió nunca. En cambio, si eran correcciones menores, te citaban para una conferencia directamente desde el ministerio, te pasaban verbalmente las incidencias y se enviaban corregidas solamente las hojas afectadas.


  • Pero, ... ¿Por qué me cuentas todo esto, Pep?


  • Porque esto mismo lo razoné en voz alta delante del señor Loro y, al llegar a este punto, él me preguntó que si en todo ese proceso no aparecía ninguna mujer. Me quedé parado pensando y grité: ¡Cómo leches no he caído!


  • ¿Y en qué no habías caído?


  • Argimiro. El señor Loro había dado en el clavo. En esas conferencias era frecuente que interviniera una persona con voz de mujer. Me resultó chocante, pero no le dí importancia. Yo en ese momento no sabía nada de Guadalupes ni de Lourdes ni de Bastiannes.


  • Pep, sería la secretaria al pasar la llamada.


  • No, no, bueno, no sé muy bien, intervenía siempre en segundo plano, apuntando algún detalle al interlocutor que hablaba. Sólo en una ocasión fue ella la que se puso directamente al aparato, precisamente para pedir que añadiéramos una foto que estuviera hecha desde el punto donde paramos Bastianne y yo esa noche a mirar la estación de Cañamero y desde la que apuntó con el dedo al lugar donde se habría de reubicar la de Guadalupe. Ella me pidió esa foto, ahora sospecho que probablemente por su cuenta. Supongo que quería enviar una prueba que, si llegaba a Bastianne no admitiera duda y que además le transmitiera la certeza de que ella tenía proximidad y un cierto control del flujo de documentos. De esta forma, sabiendo el nuevo nombre y el flujo de la documentación, tendría una aproximación bastante precisa de dónde encontrarla. Pero, hasta esa misma noche en la que el señor Loro descifró el poema, de haberlo hecho, la habría buscado por su nombre original, Guadalupe López. Ahora tocaba apoyar a Bastianne para entrar en contacto con ella, Lourdes, sin incurrir en los riesgos a los que él tanto temía.


  • Pero, con todo lo que me has contado, ¿Tu estabas ya plenamente convencido de que la voz que te pidió la fotografía de la ubicación era la voz de Lourdes Grande?


  • Totalmente convencido. En nadie podían coincidir tantos datos y circunstancias y que además encajaran pieza a pieza como en un rompecabezas.


  • ¿Y, a la vista de todo lo que te había contado Bastianne, tenía sentido suponer que esa voz de mujer que hablaba al otro lado del teléfono era Lourdes?


  • Tenía todo el sentido. En España no hay mujeres ingenieros de caminos, la verdad, no entiendo por qué. Pero si el relato de Bastianne es fiel a la realidad y no está endulzado por el amor, lo más parecido a un ingeniero de caminos, sobre todo de caminos férreos, sin llegar a tener el título, era Guadalupe, es decir, Lourdes. Recuerda que se pasaron varios años pensando, analizando y documentando la alternativa sur y que llegaron a preparar un documento, sin visados legales, pero casi un proyecto según Bastianne. Y recapitulando, parece claro que el último punto en el que se podría alterar el contenido de las carpetas sin prácticamente riesgo alguno de detectarlo, era el equipo de revisión del Ministerio de Obras Públicas. Ahí era donde había que buscar a Lourdes.


  • Bien Pep, creo que es un buen punto para cerrar el día. Dejamos en abril de 1961 a Bastianne desolado y ya en su habitación desde hace un rato. Al señor Loro y a ti a punto de iros a dormir y a los tres, junto con los del casino y sus copas citados todos a las siete y media en el comedor.


  • Correcto Argimiro.


  • Para nosotros son las siete de la tarde y creo que es buena hora para citarnos mañana, también a las siete y media a través de esta misma línea telefónica.


Cuando don José colgó el teléfono se quedó pensando que casi había vivido varias vidas en apenas doce horas de reloj. Estaba totalmente sorprendido por los recuerdos que había conseguido extraer de su memoria. Pero, por encima de todo, le atrapaba el hecho de tener ahora la absoluta certeza de que habían localizado a Lourdes casi treinta años después. En ese momento llamaron a la puerta del despacho. Sin esperar a obtener permiso para entrar, la puerta comenzó a abrirse lentamente. Don José por un momento pensó en una nueva visita sorpresa, pero no, la imagen del señor Loro empujando la puerta con una mano y con una bandeja en la otra de alguna forma le tranquilizó.


  • Eugenio, buenas noches, al menos esta vez has dejado pasar unos minutos desde que colgué y has llamado antes de entrar. Ya sólo te falta esperar hasta que desde dentro te den el permiso para pasar.


El señor Loro puso cara de que aquellas palabras no tenían que ver con él.


  • Son las ocho y es la hora de cenar.


  • ¿Las ocho? ¿Seguro? Entonces ¿He estado una hora dándole vueltas al día?


  • Exactamente.


  • ¿Como que exactamente?


  • Que exactamente lleva usted una hora desde que colgó, seguramente mirando a las musarañas, permítame decírselo.


  • O sea, que estabas escuchando.


  • Don José, yo no le escucho, estoy pendiente de usted, que no es lo mismo. Ya se lo he explicado de otra manera.


  • Eugenio, es usted un funambulista de los eufemismos.


  • Don José, puestos a competir en pedantería, le diré que, no me hace falta escucharle todo el día para apreciar en usted a un orfebre de la subordinación.


  • Bueno, pues bajando al román paladino, ... ¿Cuantas noches llevamos cenando de postre leche migá? ¿Y por qué no ceno en el comedor? ¿Es que está otra vez don Alfredo?


  • Don Alfredo no, pero nuestro señor alcalde sí. Y ha preguntado por usted. Dice que le había citado en el casino a tomar un café, que no se ha presentado y que ahora, con los intereses, el café se ha convertido en una cena.


  • Y entonces Eugenio ¿Como es que me traes la cena al despacho?


  • Le he dicho que estaba usted aquí y dice que seguro que le va a meter usted en algún lío y que prefiere la discreción de este despacho.


  • Supongo que le habrá dicho que, si hay algún sitio que no es discreto en esta fonda, es este despacho.


  • Fingiré que no he oído nada y voy a decirle al señor alcalde que pase, que se les va a enfriar la sopa de ajo.


Al momento apareció por la puerta el señor alcalde.


  • Adelante Juan.



(Continuará)


 
 


 
VISTA DE GUADALUPE Y LOS GUADARRANQUES DESDE EL ALTO JUNTO AL CASTAÑO DEL ABUELO


 


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