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EN EL TEMPLO DE LA PALABRA


 

He fracasado en mi vida profesional, tras sólo unas pocas semanas de trabajo efectivo, una vez superado el período de prueba, me encuentro aquí sólo, protegido escasamente por un portal que apenas me ampara de las inclemencias de esta Semana Santa de lluvia gélida. Aunque a estas alturas, lo único que no me explico es como no hay unos cuantos (bastantes mas ) de mis hermanos aquí, junto a mi, en otros portales.

 

Pero dejadme que os cuente mi triste devenir.

 

Varias generaciones antes no habría habido duda, yo tendría necesariamente que haber visto la luz en la Europa rica, seguramente en Alemania, del Oeste por supuesto.

 

Pero multitud de factores de diversa índole fueron retrasando mi venida a este mundo. Las generaciones que me precedieron fueron evolucionando y, según a cuál de mis antepasados miraras, no resultaría fácil identificar a mis ascendentes, eso que dicen, “sacarme por la pinta”.

 

A pesar de mis orígenes germánicos, mi familia siempre se sintió atraída por el sur de Europa. Muchos de mis familiares, algunos cercanos, pero otros no tanto, habían conseguido desarrollar brillantes y satisfactorias carreras profesionales en playas paradisiacas de Grecia, Italia, España y, en las últimas décadas, Croacia y algunas islas del Mediterráneo. Algún pariente afortunado llegó incluso a poder trabajar en las anheladas Islas Canarias.

 

A mi generación le tocó casi inevitablemente pasar por venir a este mundo en tierras remotas. Omitiré, por motivos de seguridad, el lugar del mundo donde precisamente ocurrió eso, que llegué a este mundo. Con todo, yo tuve suerte. Digamos que mi venida fue deseada. Por lo que luego habrían de ser mis capacidades profesionales, yo estaba especialmente dotado para oír todo lo que sonaba a mi alrededor y la casualidad hizo que rápidamente me enterara de mí destino. No podía creérmelo, con escaso tiempo de existencia navegaba ya camino del País Vasco en España. No era exactamente lo que habría deseado, pero también he de decir que habría firmado donde me dijeran si me hubieran dejado elegir.

 

Necesitaba tener sólo un pequeño golpe de fortuna más para acabar en alguno de los paraísos tan deseados. Para alguien como yo, que no puedo negar que soy de buena familia, hay que tener también un poquito de suerte en el tramo final.

 

Conocía entre mis familiares más directos, antecesores míos que  habían desarrollado brillantes carreras en la radio y la televisión, y no digamos los que prestaron sus servicios en orquestas sinfónicas o corales polifónicas. Otros, sin embargo, habían tenido oscuras carreras desarrolladas alrededor de la noche. Sitios como karaokes, DJs, discotecas y hasta tómbolas de feria no fueron nunca puestos de trabajo especialmente deseados.

Pronto supe que mi paso por el País Vasco sería efímero y que mi destino final tenía alta probabilidad de situarse en cualquier otro punto de España. Posteriormente pude saber que, ya en mi remoto origen, mi destino final estaba decidido, aunque yo me enteré sólo unos pocos días antes de partir hacia él.

 

Primero me llegó en forma de rumor, pero inmediatamente se corrió la voz, estaba totalmente confirmado: mi carrera profesional se desarrollaría en el Congreso de los Diputados. He de decir que inicialmente me quedé un poco frío, pero poco a poco me fui animando. El destino había querido que, en lo que debería de ser mi puesto de trabajo definitivo, me viera rodeado por al menos otros 349 hermanos de sangre (es una forma de hablar) y, probablemente por alguno más.

 

Fui preguntando a unos y a otros por las características del puesto y, ciertamente que todas las versiones, con pequeños detalles y matices, era muy positivas. Uno de mis compañeros de destino llegó a decirme con solemnidad: vamos a trabajar en el sueño dorado de cualquiera de nuestra estirpe, el parlamento.

 

Ante tan abrumadora unanimidad sobre nuestra fortuna, no tuve más remedio de sentirme oficialmente feliz. No obstante, yo seguía con mi come come. Me sonaba (muy apropiado en mi caso) que algunos antepasados míos tuvieron una carrera profesional al lado de una especie de gamberretes que, durante un verano, se hartaron de repetir “…, aquí no hay playa, …”. Esos mismos del “aquí no hay playa” proporcionaban mucha información sobre Madrid. En una de sus estrofas lo dejaban bien claro:

 

“Podéis tener la tele y los Cuarenta Principales

Podéis tener las Cortes y organismos oficiales

El Oso y el Madroño, Cibeles, Torrespaña,

Pero, al llegar agosto, ¡vaya, vaya!”

 

Alguien me aclaró que Las Cortes, El Parlamento o El Congreso de los Diputados venían a ser lo mismo.

 

Ya no había marcha atrás. Dentro del edificio del Congreso, cuando accedíamos a lo que llaman el hemiciclo, uno de mis hermanos me dijo con una solemnidad para mi gusto exagerada:

 

  • MICL222, estás entrando en EL TEMPLO DE LA PALABRA.

 

  • No sé, no sé qué decirte, MICL223.

 

Contesté sin mucha convicción.

 

Lo que vino después no lo puedo expresar con palabras. Me siento incapaz de describirlo, pero eso sí, antes de escapar de este templo de la tortura y la vejación, he podido recopilar estas imágenes que espero no hieran tu sensibilidad.

 

Viernes Santo de 2024

 

MICL22 BOSCH DCNM

 


PD: No me extraña que en la página del Amazon ponga:


No disponible por el momento. 

No sabemos si este producto volverá a estar disponible, ni cuándo. 

 



 

Aquí en este video encontrarás la razón de mi estado. Y que conste que no es el único parlamentario que trata así a los nuevos micrófonos, ni quizás el más severo, pero como le toca tantas veces ......





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