• jmgol60

… y casi todo sin televisión!

¡La guerra se ha acabado! ¡Que pena! No se preocupen los asiduos: no es el inicio de un tratado belicista. La guerra a que me refiero tenía su más sangriento campo de batalla en el Arroyo, no dejaba heridos y normalmente los muertos acababan recogiéndose en casa con el encendido de las luces.

El suelo mojado hacía rescatar rápidamente del cuarto de los trastos el clavo. El Campanario y los patios de Las Parroquiales y Las Escuelas Nuevas vieron pasear nuestra destreza: seis cuadros o islas eran las modalidades y limas, alcayatas y púas grandes cumplían con más o menos decoro la función de clavo.

Ino y Ayo eran los reyes del Aro. Una guía y un aro permitían recorrer el pueblo llevando el entretenimiento puesto. Yo tuve uno, luego se convirtió en canasta de baloncesto. Ya no era lo mismo.

¡A la una anda la mula! ¡A las dos la coz! … ¡Marcas de tabaco a la velocidad del rayo! ¡Pídola! No lo intentes, te puedes dejar algún hueso en el salto. La edad no perdona.

Por la calle de Gabriel ¡Reloj! Por Correos ¡Campana!. Y la horda partía gritando y tratando de confundir al enemigo. Inicios de la guerra de la información.

¿Y la televisión? Pues, si acaso, Felix El Gato. Tampoco había más. ¡Que suerte tuvimos!

Pero el juego supremo, el que entrañaba más riesgo y hacía latir más deprisa el corazón, era tentar a la bobi.

¿Como le explico yo a mis hijos que les hemos robado todo esto?

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